Los molinos del Valle de Lecrín son numerosos pero que se conserven tal cual para ser visitados, ya son menos. Los más destacables por sus características son las almazaras de Nigüelas y la de Mondújar, y el molino de harina de Acequias.

Empezamos por el molino de Nigüelas, probablemente el más llamativo. Situado en el centro mismo de esta localidad, se conoce como la almazara de las Laerillas, por la laderas de las montañas en las que está asentada y desde las que se contemplan perfectamente las imponentes vistas de la falla tectónica de la localidad. Es impactante y cuando lo visitas por primera vez, no eres consciente de lo que vas a ver ni de que entras en un túnel del tiempo. Te deja boquiabierto, y si vais y no os pasa lo que a mi, decídmelo. La guía, María José, encantadora y super amable es una gran experta en el museo y hace una explicación muy completa, y sobre todo amena, en la visita guiada que dura aproximadamente una hora, y de verdad, que se os queda corto. Tenéis que avisar y reservar para que ella os pueda abrir y enseñar. Disponen de folletos explicativos excelentes y un centro de interpretación donde proyectan vídeos muy completos además. Como hay muy buena documentación sobre el molino y en este post hay enlaces que os detallarán más, no os aburriré con datos históricos ni nombres técnicos, pero sí os comento lo más relevante. Tiene su esplendor en el s. XV aunque hay vestigios de utilización desde el XIII e incluso antes…. Fue sólo de sangre, primero, es decir, de fuerza motriz animal, y después, con los árabes, maestros del agua, no podía ser menos, se combinó con la fuerza hidráulica. La obra de ingeniería para mi, inexplicable. Yo no alcanzo a comprender tal nivel de sofisticación científica en todos los aspectos. Qué cantidad de sabiduría pero al detalle… Por ejemplo… sabían que los mulos debían girar en torno a la muela, en sentido contrario a las agujas del reloj y con los ojos tapados para evitar mareos; que el alpechín o resto de la aceituna no se podía tirar directamente a la acequia pues mataba todo aquello que las aguas regaran, por la cantidad de veneno que contenía, y cosas del estilo que te dejan sin habla, al menos a mi, que puede que sea muy impresionable…. Es una visita al pasado lejano pues además se conservan todos los aperos, algunos de la época más antigua de uso e incluso las “chillas” o camastros donde descansaban en época de cosecha, ya que entonces, el trabajo se acumulaba y debían pasar muchas horas en las instalaciones… lógico: si todos los labriegos recolectaban a la vez, llegaban al tiempo con su aceituna, así que los trojes, o depósitos para la oliva, en el patio del molino, se iban rellenando por estricto orden de llegada, qué organización, ya que la aceituna perdía calidad al permanecer a la intemperie… cuantas más horas peor y a veces eran días, si la cantidad de solicitantes de molienda era alta… El sistema de pago era por trueque normalmente. Según la cantidad molida, así era la “maquila” o importe a pagar. Para calcularlo, su sistema de medidas. Hay romanas, arrobas y otros cánones diseminados por la pared de la bodega. Madre mía, qué increíble, qué actividad en este lugar, qué centro de reunión….. incluso tuvo uso como prensa de vino, para ser aprovechado no sólo en época de recolección aceitunera. Así vemos unas “obías” o alpargatas para el pisado de la uva. El molino cesa definitivamente su actividad en 1940 con la llegada de Edison. Perteneció a la familia Zayas, como muchos otros edificios del pueblo, sin ir más lejos el actual Ayuntamiento, y de su mantenimiento y conservación, de quitarse el sombrero, se encarga la fundación que lleva su nombre. Para visitar, llamad con antelación al teléfono que encontraréis en las webs: niguelas.org o almazaralaerillas.com. No os arrepentiréis.

El molino de Mondújar, igual que el anterior, en el centro del pueblo, así que no tiene pérdida. Fue únicamente de sangre y tuvo su apogeo en el XIX tras su reconstrucción, aunque desde luego, ya se usaba de antes… Conserva la muela y la torre de prensa más alta de todos los molinos de la provincia. La foto desde abajo, es obligada por impresionante. Hoy no sólo es estrictamente museo, si no que también tiene uso como centro cultural donde se realizan exposiciones, proyecciones y conciertos y que depende del Ayuntamiento de Lecrín. Desde aquí damos las gracias a su Concejala de Cultura, Eva, una persona implicada e interesada en potenciar el valle en todos los ámbitos que le atañen…. sus usos y costumbres, su antropología e historia, todo esto sin olvidar aquello que aporte modernización y actualidad… De nuevo, nuestro agradecimiento y enhorabuena!.

El molino del Sevillano, situado en la pedanía de Acequias, en el paraje de las Alberquillas, que depende como el anterior, del Ayuntamiento de Lecrín. Se usó para molienda de harina, de rodezno y movido con la fuerza hidráulica aprovechando las aguas del río Torrente. Hoy se quiere convertir en un espacio permanente de formación en Etnología para todos los ciudadanos así como para propiciar la conservación y conocimiento de nuestro patrimonio cultural. Por ello, el molino es a día de hoy un centro de interpretación muy completo que junto con la guía didáctica de que disponen en el Ayuntamiento, nos ayudará a conocer de manera más exhaustiva los usos ancestrales de este espacio.

Mención también al molino de Pinos del Valle, que aunque no aparece en el vídeo puesto que sólo conserva la fachada, merece la pena visitar más que nada por lo bonito del enclave. Situado en el Barrio Bajo de la localidad, precioso y señorial, fundamentalmente mantiene una preciosa portada de obligada instantánea, ante la cual vemos una de las prensas antiguas de aceituna, que convierten la plaza en la que se asienta este espacio, en una “máquina del tiempo”…. Si sumamos la permanencia del lavadero antiguo, tan habituales en esta zona y aún en uso, la impronta es una foto España años 40. No dejéis de pasearlo….