Visitar la Casa Museo de Manuel de Falla, donde el insigne compositor vivió dos décadas, las que dicen fueran quizá las más felices de su vida, ha sido todo un descubrimiento que nos ha servido para ahondar más en la vida de este, sobre todo, “hombre bueno”, cuya máxima vital, cuentan, fue dar felicidad a los demás, ayudar siempre y no molestar nunca. Sirva este post como homenaje a esta entrañable personalidad, bondadosa y llena de cortesía con sus congéneres…. Nos enseña el rinconcito, con una amabilidad exquisita uno de los guías del Museo, Federico, al que enviamos nuestro más sincero agradecimiento desde aquí, al igual que a Mamen, otra de las guías, y por supuesto a la dirección del centro, quien facilitó todas las labores de grabación sin poner una sola pega a nuestra abrupta aparición en sus dependencias. La casa, en los alrededores de La Alhambra, se conserva maravillosamente, mobiliario incluido, como suspendido en el espacio tiempo de antaño…. Este carmen, posee un intimista jardín, precioso, tranquilo y cadencioso…., con su amada Granada de fondo… Tras recorrerlo con delicia, entramos con solemnidad en el interior de la residencia que se convierte en la evocación del alma de un Falla, que ahora nos asemeja más nuestro que nunca…. A “bote pronto”, lo primero que queda claro es la austeridad que marcó la vida de D. Manuel y de su hermana María del Carmen, quien le cuidó hasta el fin de sus días allá en la lejana Alta Gracia de Argentina. Todas las estancias, pequeñas y acogedoras, son sencillas, decoradas con gracia por su amigo Zuloaga con un aire popular y cálido. No es extraño que Falla se sintiera tan a gusto en este agradable lugar, que contemplamos con toda nuestra admiración. En la planta baja, la encantadora cocina con sus cachivaches de época. En la superior, las habitaciones de los hermanos Falla, con un hálito altamente religioso ambas, y también el estudio donde compuso gran parte de sus conocidas partituras. Este último lo preside el piano, un Pleyel, que es una obra de arte en caoba, y parece dispuesto a dejar sonar de un momento a otro las alegres notas que un día le poblaron …. Decoran las paredes de la sala los diseños de Picasso para el vestuario de “El Sombrero de Tres Picos”, una auténtica maravilla…. vemos objetos diversos…. el famoso billete de cien pesetas con su rostro, tan habitual otrora, una antigua máquina de escribir, incluso facturas de la luz… que hacen que el tiempo se haya detenido como por ensalmo y permiten imaginar a D. Manuel sonriendo, soñando, leyendo, estudiando, conversando en cualquier rincón de la vivienda. Tras la guerra civil, un Falla que jamás se pronunció políticamente hablando, con amigos asesinados por ambos bandos, entre ellos García Lorca, por quien intentó en vano interceder ante el régimen imperante, decide marchar allende los mares, movido en gran medida por su precaria situación económica y por la terrible depresión que le causó la pérdida de sus seres queridos en una España gris enmarcada en una Europa aún más oscura.. Sus maletas aún rezuman tristeza y rememoran tristes buques plagados de despedidas…. A pesar de los intentos del régimen franquista, nunca regresó a España con vida, aunque también hubiera sido este su gran anhelo… Sólo volvió a pisar suelo patrio tras su fallecimiento y sus restos reposan hoy en la cripta de la Catedral del Cádiz que le vió nacer. Vuele con su música siempre en el aire de su añorada Granada, Maestro!.